29 agosto 2007

La mafia sigue en auge


El escalofriante suceso de Duisburg, que ha sacado a la luz, a los ojos europeos, la brutalidad de la 'Ndrangheta', la mafia calabresa, ha tenido más repercusión porque ha sido en Alemania. Si hubiera sido una más de sus matanzas periódicas en Locri, o de la Sacra Corona Unita en una pizzería de Bari, o de la Camorra en un barrio napolitano, no hubiera sido para tanto. En Italia se hubieran lamentado con resignación una vez más y ya está. De acuerdo, seis muertos son más de lo normal, pero cosas igual de terribles pasan al menos una vez al mes.


Además del salvajismo de la masacre lo que resulta más inquietante a un observador ajeno a los asuntos italianos es su irracionalidad. Estas historias son tan anacrónicas e impactantes porque su móvil sigue siendo ancestral, propio de dramas de otra época: el honor y la sangre. Da más miedo porque es absurdo. Aún no se sabe exactamente por qué mataron a esos chicos de Duisburg, pero una cosa está clara, es una venganza por algo. La 'vendetta' es la única razón de ser de algunas historias increíbles que periódicamente emergen en Italia. Vamos a contar algunas, para dar una idea.



En 2004 fue asesinado un jubilado de 77 años en San Mauro, Turín. Estaba sentado en un parque con su mujer y dos sicarios le pegaron cinco tiros. Cuando la Policía supo que Giuseppe Gioffré era calabrés, empezó a intuir una 'vendetta'. En efecto, tenía un asunto pendiente desde 1964. Regentaba un bar en su pueblo, Santa Eufemia d'Aspromonte, y un día se cargó a dos tipos. Según explicó, estaba harto de pagar el 'pizzo', el impuesto mafioso. Le condenaron a diez años y entretanto mataron a su mujer y a uno de sus hijos. Luego hirieron en una emboscada a los otros tres. En 1972 salió de prisión y huyó de inmediato al norte. Empezó una nueva vida, volvió a casarse, trabajó de albañil. Pero alguien le descubrió. Cuarenta años después, sentado en el parque, cuando le llamaron en voz alta por su nombre, para asegurarse de que era él, probablemente intuyó que había llegado su hora. Quién sabe si su mujer tenía idea de su pasado. Los otros tres hijos siguen escondidos en el norte de Italia.



Otro caso más inmediato. Hace cinco meses, en Altamura, provincia de Bari, fue detenido Nunzio Artellis, de 38 años, acusado de asesinar a un simple chulo de barrio sólo porque le había dado una bofetada a su hijo de 15 años en una sala de juegos. Y ante 40 personas, una ofensa que sólo se puede lavar con sangre. La tipología de ofensas es amplia. El año pasado fue sonado el asesinato de Giovanni Montani, un chaval de 18 años de los juveniles del equipo de fútbol de Bari, porque era un buen chico y no tenía ninguna relación con 'la malavita'. Pero rebuscando en los meses anteriores a su muerte la Policía encontró la causa. Un día había entrado con un primo suyo, hijo de un 'capo', en una tienda de perros. Quería un generoso descuento en la compra de una mascota, otra de las formas habituales de sonsacar el 'pizzo'. La discusión fue tal que el comerciante sacó un pistola y se lo cargó. Montani huyó despavorido, y ésa fue su culpa. Se supone que tenía que haberse quedado para matar al dependiente o vengarse luego. Lo asesinó otro primo del muerto, y de paso se ganó a los 'capos', para subir en la organización.


Pero también es variada la forma de venganza. En 2003 se destapó un caso curioso: la Sacra Corona Unita, la mafia de Puglia, había amenazado de muerte a un testigo para que declarara en falso contra dos miembros de un clan rival, que se chuparon doce años de cárcel siendo inocentes. Es más habitual la llamada 'vendetta trasversale', es decir, matar a un familiar de la persona a quien se quiere castigar, normalmente porque es más fácil o porque el interesado está escondido o en prisión. Da igual que sea un sobrino lejano de tercer grado y que no sepa nada del asunto, el mensaje llega. Basta que sea de la familia. Pasa mucho con los 'arrepentidos' y el caso más famoso es el de Giuseppe Di Matteo, de 11 años, secuestrado en 1993 durante un año y nueve meses por la Mafia siciliana para que su padre no cantara. Al final lo estrangularon y lo disolvieron en un bidón de ácido.Pero, con todo, la historia de venganza más épica, tremenda y demencial está en Orune, un pueblecito de 3.000 vecinos de Cerdeña, isla fascinante y muy desconocida donde también es para darles de comer aparte. Varias familias llevan matándose desde 1951, sin que nadie sepa exactamente el origen de la disputa, y el balance de la 'faida' asciende ya a 110 muertos. Los últimos, el pasado mes de febrero, dos pastores, primos de los hermanos Chessa. Salvo dos que eran curas, todos los Chessa son exterminados desde hace décadas. Todo comienza en 1951 con el asesinato de Salvatore Chessa, un pastor. Parece que dio refugio a un secuestrado que había escapado de los bandidos, o vio algo que no debía, o miró mal a alguien. El caso es que después han ido muriendo sus parientes y, en la espiral de venganza, miembros de otras familias. Han caído ya varios niños. Lo peor es que nadie suelta prenda, nunca se detiene a nadie y la 'omertá' es secular. En 2004, tras otro asesinato en un bar, la novia de una víctima identificó a uno de los autores. En el pueblo no le saludaban, recibió amenazas, tuvo que irse, cambiar de nombre y recibir protección del Estado. Si tiene suerte, quizá nunca la encuentren. Habrá que seguir con atención los breves para enterarse. Durante años y años.


Fuente: www.elcomerciodigital.com/



Foto. El Pais

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